martes, 24 de agosto de 2010

Rompiendo fantasías.

Estoy casi segura de que alguno de nuestros vastos lectores en algún momento fantaseó con mi vecino del cuarto –el de la vida sexual activísima, por si no lo recuerdan-.
Pero las ilusiones son como las mentiras, amigos: tienen patas cortas. Ayer luego de un día eterno, estaba esperando el ascensor y llegó un chico de “aspecto intelectual”, menos de 1.60m de altura, pelos desprolijos a la altura de los hombros y llavero con la bandera de Palestina. El muchacho en cuestión, posible estudiante de psicología/ cine/ filosofía/ ( inserte su prejuicio aquí), hizo la pregunta mágica: “¿a qué piso vas?”. Al tercero, respondí. “Ah! Yo voy al cuarto”, contestó él atento y me deseó buenas noches al bajar. Segundos después escuché el golpe de su puerta y los pasos en mi techo. Había descubierto a la máquina sexual del cuarto piso.

D.

1 comentario:

mariano dijo...

Borrá esa imagen de tu mente... es mas jot pensar que los gritos que no te dejan dormir son de un chongazo de los que cobran caro.